No sé tú, pero siempre he adorado ponerme objetivos. Muchos de ellos los he cumplido, pero otros… Digamos que he sobrestimado lo que podía hacer en un año, o incluso en seis meses.
Cuando emigré hace cuatro años, estaba convencida de que iba a quadarme aquí durante 12 meses y ahorrar 10.000€, después de no haber conseguido nunca tener ni la mitad del dinero en el banco.
Cuando empecé mi proyecto emprendedor hace dos años, me propuse dejar mi trabajo al cabo de 12 meses. No he conseguido ni un cliente.
No sé si ves un patrón en mi conducta.
Ya había escuchado alguna vez que sobreestimamos lo que podemos hacer en doce meses, pero hacemos lo contrario con los periodos largos.

Por eso este año he decidido fijarme objetivos realistas hasta 2030. Mi lado pesimista se pregunta si seguiremos aquí en ese año, pero no puedo saberlo, y, en el peor de los casos, al menos estaré contenta de haberme retado a mí misma a hacer algo. ¿No?
Es más fácil cumplir sus objetivos cuando se crean rutinas en torno a ellos. No vas a decir que quieres hacer ejercicio si tu vida está llena de momentos que te incitan a no hacerlo. Tenemos que facilitar nuestro camino.
Esta vez, en vez de solo marcarme objetivos a los que aspiro, he puesto los pies en la tierra y analizado mi rutina antes de hacerlo. Me he felicitado también por todo lo que he hecho en estos cuatro años. No es fácil salir de su zona de confort, pero me he esforzado en hacerlo una, y otra, y otra vez. Y esta vez será la más dfícil hasta el momento. Pero tengo fe en mí y en los hábitos que he construido y construyo cada año.
Si tú también quieres hacer algo muy complicado este 2026, te deseo toda la suerte del mundo. No te culpes si no lo logras a la primera, a veces lleva un poco más de tiempo. Bravo, sobre todo, por intentarlo.
Nos leemos pronto,
~M.

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