¿Te pasa? Tienes un techo bajo el que dormir, no tienes que contar cada céntimo cuando vas a hacer la compra, no eres para nada de lejos rica, pero «no tienes de qué quejarte».
Y de repente piensas en todas las personas que están sufriendo a causa de guerras, que no tienen qué comer gracias a Occidente, que no tienen agua. Y te gustaría poder ayudarlos de alguna forma, pero tú sola no vas a cambiar el mundo. ¿Te suena?
No sé si realmente este término existe, pero siempre he considerado que tengo una personalidad un poco depresiva. Mi positividad tiene ciertos límites, como todo el mundo, pero la impotencia de ver todo lo que ocurre en la Tierra en 2026 y no poder hacer nada, me deprime.

Sé que no soy la única que piensa que el estado de la Tierra es una locura, y eso me consuela, pero y ¿qué hacemos entonces?
No trabajo en una de las empresas que hacen más daño al planeta, pero aun así. Engaños al cliente que le hacen comprar más y más, generando basura, dando su dinero a empresas que, más tarde, lo invertirán en armas; solo porque las guerras generan mucho dinero.
Reconozco que siempre he querido ser autónoma o tener una empresa, pero esta es una de las razones: no confío en casi ninguna empresa, sobre todo las internacionales (¿Para cuándo una huelga general?).
Últimamente me cuesta mucho comprar ciertas cosas, siempre tengo la sensación de que el dinero ganado con el sudor de mi frente va a utilizarse para cosas que mis valores no aprobarían: guerra, esclavitud, explotación.
Y luego me recuerdo a mí misma que todo el mundo no tiene acceso a elegir; las opciones son cosas de ricos, como todos sabemos.
Y vuelvo a la aspiral.
Ser empática en un mundo podrido, ¿te pasa?
Nos leemos pronto,
~M.



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